Futuro sin futuro
Hay personas a quienes me resulta muy fácil preverles el futuro: traen impreso en el rostro el porvenir; no me refiero a los viejos enrielados que mes a mes recogen su baja jubilación y cuyo destino es obvio, ni a quienes han hecho de su vida un matasellos que solo un accidente de crucero puede deformar, sino a ciertos jóvenes de alma estandarizada por la meta de ese éxito que los medios fomentan tan insistentemente como insistente es la realidad económica que les cortara las alas. Y hay personas a las que no les veo camino o, mejor aún, personas cuyo futuro inminente me rehúso a admitir. Son esos jóvenes a quienes les da por el arte, por las humanidades o por cualquiera de esas formas inciertas con las que algunos pretendemos ganarnos la vida.
Con las ciudades me ocurre otro tanto: algunas me ofrecen un futuro claro: Brujas, Bélgica, por ejemplo, seguirá, no lo dudo, idéntica no a si misma, sino a esa postal de cuento de hadas que tengo frente de mi en la recamara para soñar, de vez en cuando, con que existen lugares no arrabaleros en el mundo, igual me pasa con Montreal o Luxemburgo, su mafia no me invita a pensar en ningún cambio; pero hay ciudades como la CDMX, Bolivia, Caracas, Bogota, Lima... la lista es larga y se extiende por el sur de nuestro continente, por toda África y buena parte de Asia, a las que no les veo futuro, quiero decir, no les preveo mas que ruinas, hambrunas y colapso.
Con todo, afinare la mirada para el infierno donde me toco nacer: la CDMX. ¿Cual es el futuro de la CDMX? Dentro de 20 000 millones de años, calculan algunos, ocurrirá el Big Crunch. El cual obviamente no afectara tan solo a nuestra locación citadina, sino al universo en su conjunto. Dentro de 5 000 millones de años, también según algunos cálculos, el Sol implosionara y, con ello, tendremos nuestro mini Big Crunch, es decir, el Sol convertido en hoyo negro se tragara a todo el sistema planetario del cual, obviamente, nuestra ciudad forma parte. Pero antes, dentro de 1 000 millones de años, el Sol habrá concluido el proceso con el que transforma los átomos de hidrógeno en átomos de helio y, esto es importante, pues la energía que esa fusión provoca es la que baña a la CDMX y al resto del mundo y, si todavía queda alguien, podrá contemplar al Sol convertido en una estrella Gigante Roja. Pero antes, la probabilidad de que un meteorito impacte al planeta y levante una atmósfera de polvo que impida el paso de los rayos solares o nos convierta en otra franja de asteroides por la gran fuerza del impacto es altísima, si se considera el tiempo que hay.
Pero ¿y antes, antes antes, brincando todo el catalogo de desgracias que es lo único que se vislumbra en el futuro remoto, que futuro inmediato preveo para la CDMX? Pongámoslo en el rango de lo que posiblemente pueda durar mi vida: 30 años mas. No habrá agua. No habrá luz eléctrica. No habrá aire respirable. No habrá comida... No habrá nada de lo que permite la vida biológicamente hablando, ni habrá nada de lo que permite la vida socialmente hablando: seguridad, trabajo, educación, etc. Y, sin embargo, si habrá población. Mucha población; tanta que la CDMX estará conurbado con las ciudades de Queretaro, Pachuca, Cuernavaca, Puebla y Morelia. Y esa población seguirá esperanzada, esperando esperanzada y tronando cohetes.
Edgar de la Rosa
Con las ciudades me ocurre otro tanto: algunas me ofrecen un futuro claro: Brujas, Bélgica, por ejemplo, seguirá, no lo dudo, idéntica no a si misma, sino a esa postal de cuento de hadas que tengo frente de mi en la recamara para soñar, de vez en cuando, con que existen lugares no arrabaleros en el mundo, igual me pasa con Montreal o Luxemburgo, su mafia no me invita a pensar en ningún cambio; pero hay ciudades como la CDMX, Bolivia, Caracas, Bogota, Lima... la lista es larga y se extiende por el sur de nuestro continente, por toda África y buena parte de Asia, a las que no les veo futuro, quiero decir, no les preveo mas que ruinas, hambrunas y colapso.
Con todo, afinare la mirada para el infierno donde me toco nacer: la CDMX. ¿Cual es el futuro de la CDMX? Dentro de 20 000 millones de años, calculan algunos, ocurrirá el Big Crunch. El cual obviamente no afectara tan solo a nuestra locación citadina, sino al universo en su conjunto. Dentro de 5 000 millones de años, también según algunos cálculos, el Sol implosionara y, con ello, tendremos nuestro mini Big Crunch, es decir, el Sol convertido en hoyo negro se tragara a todo el sistema planetario del cual, obviamente, nuestra ciudad forma parte. Pero antes, dentro de 1 000 millones de años, el Sol habrá concluido el proceso con el que transforma los átomos de hidrógeno en átomos de helio y, esto es importante, pues la energía que esa fusión provoca es la que baña a la CDMX y al resto del mundo y, si todavía queda alguien, podrá contemplar al Sol convertido en una estrella Gigante Roja. Pero antes, la probabilidad de que un meteorito impacte al planeta y levante una atmósfera de polvo que impida el paso de los rayos solares o nos convierta en otra franja de asteroides por la gran fuerza del impacto es altísima, si se considera el tiempo que hay.
Pero ¿y antes, antes antes, brincando todo el catalogo de desgracias que es lo único que se vislumbra en el futuro remoto, que futuro inmediato preveo para la CDMX? Pongámoslo en el rango de lo que posiblemente pueda durar mi vida: 30 años mas. No habrá agua. No habrá luz eléctrica. No habrá aire respirable. No habrá comida... No habrá nada de lo que permite la vida biológicamente hablando, ni habrá nada de lo que permite la vida socialmente hablando: seguridad, trabajo, educación, etc. Y, sin embargo, si habrá población. Mucha población; tanta que la CDMX estará conurbado con las ciudades de Queretaro, Pachuca, Cuernavaca, Puebla y Morelia. Y esa población seguirá esperanzada, esperando esperanzada y tronando cohetes.
Edgar de la Rosa
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